Valiente hijo de puta - Chris Pueyo
Aún le recuerdo. Sus manos eran de otro planeta, sus ojos llenaban de luces los míos, miraba al cielo como quien salpica de velas una bañera o una ventana, esperando algo inolvidable. Creía en la magia de la fotografía: ¡Sonríe! para que no pueda olvidarte nunca. Apuntaba horarios sobre la caja de mis medicinas mientras yo me drogaba sobre su pecho. ¿Cómo se sobrevive a esa imagen? Inolvidable. Caminaba por mi izquierda para no dejar de rozarme el corazón. Aparcaba unas piernas cansadas de rondarme la cabeza junto a las mías y me susurraba cosas que me llevaré a la tumba. Me dejó la tinta en la boca, desvistió su espalda y me invitó a escribir nuestra historia. Asqueroso. Le vi sonreír y comprendí que toda mi vida había sido un simulacro, como si el amor pudiera dibujarse, y no fuera un muchacho perdiendo el autobús. Me rescato del las fauces de un dragón, colocó una moneda en manos de la suerte, se sacó una canción de la ropa interior y bailamos ...