Valiente hijo de puta - Chris Pueyo

Aún le recuerdo.

Sus manos eran de otro planeta,
sus ojos llenaban de luces los míos,
miraba al cielo
como quien salpica de velas una bañera
o una ventana,
esperando algo inolvidable.

Creía en la magia de la fotografía:
¡Sonríe!
para que no pueda
olvidarte nunca.
Apuntaba horarios sobre la caja de mis medicinas
mientras yo me drogaba sobre su pecho.
¿Cómo se sobrevive a esa imagen?

Inolvidable.

Caminaba por mi izquierda
para no dejar de rozarme el corazón.
Aparcaba unas piernas cansadas de rondarme la cabeza
junto a las mías
y me susurraba cosas que me llevaré a la tumba.

Me dejó la tinta en la boca,
desvistió su espalda
y me invitó a escribir nuestra historia.

Asqueroso.

Le vi sonreír y comprendí que toda mi vida
había sido un simulacro,
como si el amor pudiera dibujarse,
y no fuera un muchacho perdiendo el autobús.

Me rescato del las fauces de un dragón,
colocó una moneda en manos de la suerte,
se sacó una canción de la ropa interior
y bailamos juntos en fracés,
se desnudó para parar los taxis,
se olvidó de su casa
y cuando encontró el camino para calentar mis pies
mi cabeza se durmió sobre sus muslos
y el mundo
era una habitación inundada de estrellas.

Joder,
era más lindo que un delfín rompiendo el mar,
unas manos liando la magia precedidas de su lengua,
una bufanda en garras del viento,
era un puto beso en mitad de la guerra.

Entonces desapareció
porque es lo hacen las personas que amaremos para siempre
y cuando lo hizo lo entendí todo:
«El amor es una jaula abierta al cielo»
Desde entonces no he vuelto a abrir una puerta
que tienda al cierre.

Valiente hijo de puta...
me enamoré de ti
no se te ocurra olvidarlo nunca.







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